La leishmaniasis visceral es una enfermedad causada por un parásito llamado Leishmania Infantum, que se transmite a través de la picadura de un insecto llamado flebótomo, conocidos comúnmente como torito, plumilla o carachai. Esta infección afecta a los órganos internos, generalmente el bazo, el hígado y la médula ósea.
Los perros son los principales reservorios del parásito, por eso, cuando este insecto pica a un perro infectado, ingiere al parásito a través de la sangre. De esta manera, comenzará a transmitirlo a humanos o perros por medio de su picadura.
Es importante destacar que no se transmite de persona a persona ni por el contacto con los animales. En estos últimos, la infección también puede propagarse por vía sexual o trasplacentaria (de madre a crías), y no tiene cura, por lo cual, aunque no presenten síntomas, pueden transmitir el parásito a los flebótomos durante toda su vida.
Los principales síntomas en los perros son decaimiento, pérdida de apetito y de pelo, crecimiento exagerado de las uñas, descamación (principalmente en los ojos y el hocico), hemorragia nasal y úlceras en la piel.
En las personas, mientras tanto, se presenta con fiebre prolongada, aumento del tamaño del abdomen, pérdida de apetito y peso, tos seca, diarrea, vómitos, anemia e ictericia (coloración amarilla de piel y/o mucosas). La enfermedad es grave para las personas, en especial en niños y niñas, en quienes, si el tratamiento no se proporciona a tiempo, puede ocasionar la muerte.
De presentarse estos síntomas, es necesario concurrir inmediatamente al centro de salud más cercano, mientras que, en el caso de las mascotas, llevarlos a un control veterinario.
A fin de evitar la propagación de la enfermedad, se ofrecen tres recomendaciones principales a tener en cuenta: